Verás, en realidad no es tan complicado. Yo lo veo así: en nuestro viaje, vamos cargando con un cubo, que vamos llenando de sonidos, de palabras, de olores, de luz, de caricias….Con nuestro cubito vamos tomando conciencia de nuestro alrededor. Ese cóctel nos permite conocer reflexivamente las cosas, y con él nos alimentamos y crecemos interiormente y actuamos en consecuencia. Vamos, por tanto, aligerando el cubo, en la medida que procesamos la información. Hay gente que no quiere ni mirar qué lleva en el cubo, simplemente lo arrastra. No en balde el cubo se va llenando, y pesa. Para evitar que se llene, una buena técnica es agujerearlo a conciencia. De este modo se podría ir siempre ligero por la vida. Sin embargo, a veces es inevitable (y hasta necesario) que el contenido llegue al borde, porque por ejemplo la velocidad de llenado se eleve al cubo, ceteris paribus. Para algunas personas es el momento de hacer examen de cubo-conciencia. Y esto es un proceso que puede ser más o menos largo, y no conviene correr (supongo que aquí sería aplicable la teoría nudista). Otra opción es volcarlo del tirón y punto. Hay gente que se ve superada y simplemente deja que vaya rebosando, creando un entorno algo resbaladizo, es verdad, pero es una opción. Y luego otros cambian continuamente a un recipiente mayor. Esto puede ser peligroso, porque podría llegar el día que haya que enfrentar el contenido del cubo, o sea, cobrar conciencia, y cuanto mayor sea éste más complicado resulta, claro. Pero esto no siempre pasa. Hay verdaderos forzudos capaces de arrastrar grandes depósitos. Entonces, si te pesa el cubo, corazón, simplificando: es el momento de apuntarse al gimnasio (o a natación), de baldear, o de qué…





Leave a Comment