Hace una semana, tempranito, asomó su escaso medio metro al mundo. Despues de unos días de dudas respecto a la ruta de salida, se decidió a explorar sin ayuda, iniciando un proceso que llevó a su mamá a la sala de partos y a él, a un nido, sin ser pollito.
El domingo pasado me acerqué al hospital con muchas ganas de que sus papás me presentaran al pequeño aventurero. Me acerqué a su carita y le olí la piel. Que nuevita. Le hablé al oido, bajito, para no saturar sus diminutos oídos, tratando de que para él sonara como cuando le hablaba a través de la barriga de su mamá. El pequeño giró su cabecita y me miró con sus ojillos brillantes recién estrenados. Pareció decir…ah, eres tú! Se puede ser tan pequeñito y tan dulce?
Bienvenido al mundo…Dieguito!!!!
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