Hace un ratito he hablado con mis sobrinas por teléfono. Que puedo decir.
La pequeña lleva 11 añitos deleitándonos con sus arranques lacrimógenos y sus espontáneos y divertidos comentarios. Si pienso en ella me vienen a la cabeza unos ojitos gris verdosos y una diadema, y una palabra: jopeta. También me acuerdo de aquella época en la que desarrolló una lazo-fobia galopante; galopante sobre todo para su madre y su abuela, que la perseguían con cintas rosas porque les parecía lo más apropiado para que una criatura fuera elegante por la vida. Esta última anécdota demuestra que Alba tiene un gran sentido de la estética, y que comparte genes con su tía.
Con la mayor, paradógicamente, he ejercido menos años de tía, desde aquel primer encuentro en un restaurante italiano del barrio de las Letras. Cuando pienso en ella siempre está sonriendo. Con sus abrazos me sobrepasa y me siento como si fuera yo la sobrina; no por la madurez (o sí?) sino porque Laura es muy gansa!!! Y es tan buena como grande. Y encantadora. Su frase más actual? Papa, puc?
Pues resulta que Laura está aprendiendo latín, y por ella he aprendido que verba volant scripta manent.
¿No son maravillosas?
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