La comisaría

Seguro que el comisario Gerardo Castilla no habría cambiado su despacho de cartón piedra por uno en la comisaría de la zona IV.

Una marea de gente trataba de acercarse por oleadas al mostrador de recepción. Detrás de él, una oficial de rostro cansado se pasaba frecuentemente la mano por la frente. Nelson, que me acompañaba, me empujó hacia delante. Andá, andá, empujá, me dijo para animarme. Grité primero tímidamente, luego más resuelta. Finalmente la oficial me miró.

Verá, es que me robaron, y…bueno, quería denunciar y… ”Documentos?” Me atajó. “¿Una denuncia quiere? Está bien, señora, ahorita la aviso“.

Ahorita. Palabra que anuncia siempre esperas interminables. Quise pensar que había algo de orden en medio de aquel caos, y me retiré obediente del mostrador. Una viejita bigotuda, de piel quemadísima y huesos marcados aprovechó mi desconcierto para contarme que a ella le habían asaltado en la casa. A mi alrededor, catorce denunciantes, vecinos de la misma cuadra, esperaban para identificar al mismo ladrón. Entre tanto, yo lanzaba a la oficial miradas de desamparo. Una hora después, me señaló. Pase, señora, ahí le van a levantar la denuncia.

Crucé el mostrador que separaba el desordenado mundo civil del de las no menos desordenadas fuerzas del orden. Seguí a otra oficial. Sí, me robaron. Si, pasaporte, tarjetas, permiso de conducir, celular, cámara. Llegando a la rotonda de Cristo Rey. Sí, metieron el brazo en el taxi. No, sólo vi un brazo. No, no podría identificarlo (ni el brazo ni al tipo).Una hora después, un investigador apareció para firmar la denuncia, y nueva ronda de preguntas. Sí, en el taxi. No, no le vi. No, tomé la placa del taxero. No, no sé mi número de celular. No, no tengo inconveniente en ir yo misma a hacerme la fotocopia de la denuncia

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Perro: Mamífero peludo de (no siempre) cuatro patas, (no siempre) dos orejas y (no siempre) un rabo, (siempre) escuchimizado, huidizo y hambriento, que anda deambulando rascándose sin parar buscando algo que llevarse a la boca

Zompopo: Hormiga defoliadora a la que todavía no he tenido el gusto de conocer que por lo visto tiene la mala costumbre de morder y hacer daño.

Perrozompopo: Lagarto Corytophanes cristatus. Lagarto musical

Los caballos

En el parque infantil de mi cuadra hay dos caballos (vaya cuadro) que andan pastando entre los columpios. Tan ricamente. Bajo el sol de la tarde, jugueteaban las crines con las moscas, la lengua con la hierba, las patas con la arena.
A falta de indagar un poco sobre la cuestión, podrían ser los caballos que tiran de la carreta que pasa recogiendo la basura, disfrutando de su día libre.

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